Hoy hablamos de libros. La recomendación viene por dos motivos: uno, estamos en plena feria del libro y dos, hay muchas dudas recurrentes que nos llegan al mail y que se responden en este libro.

Mamá quiero ser cooperante, de Jorge Jimeno Almeida, no es ni un best-seller ni la última novedad bibliográfica. Su primera edición tiene ya seis años, pero lo que cuenta sigue vigente y además lo hace con mucha claridad. Jorge comienza su carrera profesional como ingeniero pero en un momento dado cambia de rumbo y se mete de lleno en el mundo de la cooperación. Desde el punto de vista de alguien que ha pasado por la empresa privada y ve con objetividad lo que el tercer sector conlleva, con sus pros y contras, Jorge se propone responder a las preguntas más frecuentes que se hace alguien que se plantea trabajar en ese mundo. Cada capítulo responde a una de diez preguntas básicas, empezando por qué es cooperar y pasando por otras como “¿Qué hacen realmente los cooperantes?”, “¿los cooperantes ponen en riesgo la vida?”, o “¿cómo puedo empezar a trabajar como cooperante?”.

Una de las primeras cosas que debemos conocer si nos interesa el mundo de la cooperación es la diferencia entre un cooperante y un voluntario. Muchas veces, recibimos “peticiones” en nuestro correo electrónico de personas que nos piden participar en un voluntariado con gastos pagados y a ser posible cobrando. Si a través del voluntariado pueden aprender, pongamos, inglés, mejor que mejor. La respuesta ahí, es casi siempre la misma: el voluntariado no es un trabajo remunerado; el voluntario pone a disposición de una organización su tiempo y si eso le supone al voluntario un desplazamiento de su país de origen, por lo general se asume que el voluntario corre con los gastos asociados. A veces, incluso, se hace alguna aportación a la organización a cambio de algún servicio que proporcionan, como puede ser el alojamiento (y aquí es donde hay que tener cuidado, porque hay organizaciones poco éticas que se dedican a hacer negocio de la buena fe ajena). En algunos voluntariados, por el contrario, se puede llegar a cubrir la manutención y alojamiento del voluntario, pero suele tratarse de voluntarios más profesionalizados y con compromisos de permanencia más largos.

Algunos voluntarios se frustran al oír eso, porque no tienen dinero o les parece mal que el proyecto no les subvencione unas semanas de vacaciones. Si ese es tu caso, la recomendación es buscar un voluntariado que se ajuste a tus posibilidades (por ejemplo, en tu ciudad) o bien buscar trabajo como cooperante. Porque los cooperantes, a diferencia de los voluntarios, son trabajadores y sí cobran. Jorge presenta muy bien en su libro lo que supone ser un cooperante y ante todo deja muy claro que la cooperación supone una salida profesional más, no muy diferente de cualquier otro sector profesional. Enfrentarse a un trabajo en el que puedes encontrarte prácticas similares a las de la empresa privada, cuando esperas un mundo ideal de altruismo y compromiso social, suele ser el principal desengaño con el que se encuentran los futuros cooperantes.

Por eso, para saber si ese mundo es para ti y para poder tener más oportunidades a la hora de conseguir un puesto como cooperante, si te decides por ese camino, recomendamos que empieces probando el voluntariado. Si no puedes ir a otro país, hazlo en tu ciudad, aunque sea menos exótico y no aprendas inglés (o sí, ¿quién sabe? Igual acabas ayudando a refugiados que no hablan español). Y si te puedes permitir un voluntariado internacional, mira muy bien dónde te metes y si te cobran por ello, sé muy consciente de lo que te dan a cambio y si es justo o no. Si te parece desproporcionado, seguramente no sea una buena elección.

Por último, si tienes mil dudas, nuestra recomendación nos lleva otra vez al principio. Lee el libro de Jorge Jimeno y seguro que resolverás la mayoría de ellas.