Por Carmen Gutiérrez Gómez de Merodio. Antigua, agosto del 2.019.

Voluntario, ya de por sí, es una palabra que atrae porque indica libertad, se opone a obligatorio, a algo impuesto. Tú eliges lo que quieres hacer, cómo, cuándo y dónde…Libertad absoluta.

Ser voluntario es dedicar tu tiempo, el que tú decidas, a echar una mano en el dominio que tú te sientas más cómodo y en el lugar que más se necesite o que considere oportuno.

Parafraseando al escritor uruguayo, Eduardo Galeano “Mucha gente pequeña en lugares pequeños haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”. Personalmente, tengo que decir que la que he cambiado he sido yo, no soy la misma desde que empecé estas hermosas experiencias, he aprendido a vivir sin expectativas, que solo crean frustraciones, he asimilado también a ocuparme de las cosas sin preocuparme que es una forma de malgastar tiempo y energía. En definitiva, creo que ahora contemplo la vida con una mirada más límpida y transparente y sobre todo más lúcida.

El voluntariado es como un gusanillo que te atrapa, yo ya no concibo mi vida sin implicarme en proyectos humanitarios. Cualquier tipo de acción altruista tiene la enorme capacidad de sacar lo mejor del ser humano.Tengo que decir que cada una y cada uno de los voluntarios que me he encontrado tienen algo de excepcional y todos me han enseñado algo.

He tenido la suerte de hacer un voluntariado en India, concretamente en Anantapur con la Fundación Vicente Ferrer, durante tres años, allí ejercí como profesora de francés, lo que he hecho toda mi vida. Era un proyecto maravilloso y ambicioso a la vez. Se conseguía en menos de un año que el alumnado habiendo partido de cero en una segunda lengua extranjera, francés, alemán o español, tuviera la oportunidad de obtener un trabajo en una gran empresa y con ello sacar adelante a toda la familia.

Desde hace dos meses, me encuentro en un continente diferente, América Latina, concretamente en Antigua de Guatemala con la asociación Prodesenh (Proyecto de desarrollo, superación y esperanza para niños huérfanos). Es muy ilusionante echar una mano a los chicos y a las chicas en sus tareas escolares. Se realizan también talleres de forestación, manualidades, cocina… Uno de los objetivos de este último es que al menos los chavales tomen algo sólido una vez por semana, ya que cuando les preguntamos ¿Qué has comido hoy?, la mayoría nos responde: Caldo.

Anna Ferrer sostiene que juntando nuestras manos conseguiremos un mundo mejor y Judith, el alma mater de Prodesenh afirma que los voluntarios son las manos que ayudan a que los niños puedan crecer.

Desde que soy voluntaria, es decir, desde que me jubilé como profesora de Instituto, puedo decir que muchas mañanas experimento una inmensa alegría interior, sensación nueva a la que no estaba acostumbrada, creo que a eso se le llama felicidad.